Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario

Acto de Comunión Espiritual

Mi Jesús creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como no puedo en este momento recibirte sacramentalmente, entra al menos espiritualmente en mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras allí Y me uno totalmente a ti. Nunca permitas que me separe de ti.  Amén.

Thirtieth Sunday in Ordinary Time

An Act of Spiritual Communion

My Jesus, I believe that You are present in the Most Holy Sacrament. I love You above all things, and I desire to receive You into my soul. Since I cannot at this moment receive You sacramentally, come at least spiritually into my heart. I embrace You as if You were already there and unite myself wholly to You. Never permit me to be separated from You. Amen.

Correction: Holy Hour for USA is Saturday, October 31st after Mass (not Friday)

Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas Del Día: http://www.usccb.org/bible/lecturas/101820.cfm

Ofertorio en línea: https://stmaryrockledge.org/giving/

Boletín: https://stmaryrockledge.org/bulletin/

Acto de Comunión Espiritual

Mi Jesús creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como no puedo en este momento recibirte sacramentalmente, entra al menos espiritualmente en mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras allí Y me uno totalmente a ti. Nunca permitas que me separe de ti.  Amén.

Twenty-Ninth Sunday in Ordinary Time

Today’s Readings: http://www.usccb.org/bible/readings/101820.cfm

Online Offertory: https://stmaryrockledge.org/giving/

Bulletin: https://stmaryrockledge.org/bulletin/

An Act of Spiritual Communion

My Jesus, I believe that You are present in the Most Holy Sacrament. I love You above all things, and I desire to receive You into my soul. Since I cannot at this moment receive You sacramentally, come at least spiritually into my heart. I embrace You as if You were already there and unite myself wholly to You. Never permit me to be separated from You. Amen.

Deacon Mike Murphy’s Homily – 29th Sunday in Ordinary Time
Mass continued from disruption in livestream.

Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time

The Song of the Vineyard

“My friend had a vineyard on a fertile hillside; he spaded it, cleared it of stones, and planted the choicest vines; within it he built a watchtower, and hewed out a wine press. Then he looked for the crop of grapes, but what it yielded was wild grapes. Now inhabitants of Jerusalem and men of Judah, judge between me and my vineyard: what more was there to do for my vineyard that I had not done? Why, when I look for the crop of grapes, did it bring forth wild grapes?” (Isaiah 5:1-4).

Beloved people of God, the Lord has done great things for us. He gave us all that we need for us to produce sweet and abundant fruits. God gave everything for us; He died on the Cross for us, for our sins, and for our salvation. He gave us the grace, life, wisdom, understanding, and nourishment we need with his Body and Blood. He also gave us the love we need to produce justice and peace. Let us think that the Lord will come today to look for the crops of grapes, what would he find? I am afraid to answer that question. I know that my own sinfulness contributed to some of the sourness of the fruits and that my acts were not enough to make them sweet. I am not authentic enough to produce real grapes because I just pretend to be good at certain times. It is fundamental to recognize our innermost desire of holiness, and why do we possess this desire? We possess it because it was given to all of us. In some people, it is alive and is continuously inviting them to conversion and discernment. In others, this desire for holiness is frozen in the coldness of their hearts because of the pain, hurt, wounds, and memories they have from past injustices done to them. It is a chain of pain that needs to be broken.

As members of the Mystical Body of Christ, we cannot say “this is not my problem” when somebody is acting wrong, unjust, or in an evil way. The truth is that our bad actions affect everyone; in contrast, our good actions help everyone as well as initiate a restoration process that has the power to break the chains that families carry for many generations.

What I am trying to say is that we all have what it takes to be good, loving, forgiving, and holy; all we have to do is help each other. The first step to change the people around us is to realize that we need to change ourselves first. Then, great wisdom will be awakened, and graces will begin to flow like a river to nourish the vines. These graces will also begin to have an effect on others; it will unfreeze their hearts and suddenly, a desire for doing good will appear. All sons and daughters of God were created good, with the capacity to produce sweet and wonderful fruits. However, some of them don’t know this because all they have experienced is the voice of the enemy lying to them. They were deceived and it is our call, our vocation, to bring them the Truth that is Jesus Christ, to remind them how good and wonderful they are in the eyes of God. If our society is not producing good fruits but instead is producing sour and inauthentic fruits, we must stop and reflect. Reflect the fact that I, as a Christian, as a Catholic, and a disciple of Christ am not doing enough.

Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario

La Parábola de la Viña

Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias. Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego, sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias? (Isaías 5:1-4)

Amadísimos hijos de Dios, el Señor ha hecho grandes obras por nosotros, Él nos ha dado todo cuanto necesitamos para que produzcamos frutos dulces y abundantes. Dios, siendo Dios lo dio todo, lo entregó todo por nosotros y por nuestra salvación. Él nos ha dado la gracia, la vida, la sabiduría, el entendimiento, la nutrición con su Cuerpo y su Sangre y el amor para que podamos producir paz y justicia. ¿Qué más pudo hacer Dios por nosotros? Pensemos por un momento si el Señor viniera en esta mismo memento a recoger los frutos que hemos producido, que viniera a nuestro viñedo a recoger las uvas, ¿qué sería lo que encontraría? Tengo miedo a responder esa pregunta. Sé muy bien que mi propio pecado contribuye en parte a que las uvas sean amargas, que mis buenos actos no han sido suficientes para que fueran más dulces, que no fui suficientemente auténtico para producir uvas de verdad, que en muchas ocasiones solo pretendí ser bueno. Es muy importante reconocer que dentro de nosotros existe un deseo innato a la santidad, ¿y por qué razón poseemos ese deseo? Porque se nos fue dado a todos. En algunas personas este deseo de santidad está vivo y activamente invitando a la persona a la conversión y al discernimiento; en otras personas este deseo de santidad está dormido, como congelado en sus corazones fríos a causa de sus penas, dolores, heridas, y cicatrices dejadas de las experiencias de su pasado y de las injusticias que hunden sus conciencias en el abismo del dolor y el rencor. Estas son cadenas pesadas que hay que romper.

Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, no podemos decir que no es nuestro problema cuando alguien está actuando errado, injusto o malvadamente. La verdad es que nuestros malos actos afectan a todos en cambio nuestros actos de bondad ayudan a todos, además, inicia un proceso de restauración que tiene el poder de romper las terribles cadenas que cargan las familias por muchas generaciones.

Lo que realmente estoy tratando de decir es que todos tenemos todo lo que necesitamos para ser buenos, amorosos, misericordiosos, y santos; todo lo que tenemos que hacer es ayudarnos los unos a los otros. El primer gran paso para cambiar la gente a me rodea, es reconocer que yo necesito cambiar, después de eso gran sabiduría comenzará a despertar, y algunas gracias especiales llegaran como corrientes de agua que alimentaran nuestros viñedos. Esto comenzará a tener efecto en los demás, descongelando los corazones más fríos y de repente deseos por el bien y el amor comenzarán a brotar. Todos los hijos e hijas de Dios fueron creados buenos, con la capacidad de producir dulces y hermosos frutos. Lo que sucede que algunos de ellos no lo saben o están enceguecidos por el inmenso dolor, por el sufrimiento y las heridas de la vida, y el enemigo tomando ventaja de esto los engañan y les confunde. Nuestro llamado, nuestra vocación, nuestro deber es ayudarles a descubrir la Verdad que es Cristo, recordarles lo buenos que fueron creados y lo maravillosos que son ante los ojos de Dios. Si nuestra sociedad no está produciendo buenos frutos, si lo que estamos produciendo es amargo e inauténtico, yo debo hacer una pausa en mi vida y darme cuenta que yo como Cristiano, como Católico, como discípulo de Cristo, no estoy haciendo lo suficiente.

Twenty-Second Sunday in Ordinary Time

Reflection from Fr. Juan Osorno

Do not conform yourselves to this age but be transformed by the renewal for your mind, so that you may judge what is God’s will, what is good, pleasing and perfect,” (Romans 12:2).

Nowadays, is easier to conform ourselves to this culture even though we may strongly disagree with some aspects of this generation. We remained silent before evil just because we learned to go with the flow or because is easier or even worst, because we just became totally indifferent before all the immoralities, lack of   values, and the surge of deceiving information that we receive in daily bases. The Lord is inviting us to wake up, reflect, and act in a way that is Good, Pleasing, and Perfect to God. This means to express clearly that we are no longer conforming ourselves to this age, to judge and understand when something is wrong, and to stand firm by expressing our inconformity. Furthermore, making the necessary steps to change it, finally, we are called to action, more specifically to bring back: The Good, The Beauty and the Truth. These are precisely the  three aspects of God, which help us to know if something is from God, if it is, then must be good, or beautiful, or truthful.

To do what is right requires from us to move out of our comfort zone, also,  invites us to transform and purify our conscience and learn intellectually, emotionally and spiritually what is good according to God’s will.

This age is contaminated with evil ideologies and tendencies that are a threat to the dignity of the human being and in a particular way is a direct attack to our families and its unity. We must do whatever it takes to protect the integrity of our families and   to guide them with the truth which is Jesus Christ.

In today’s culture, some have drifted away so far from the truth that is difficult for them to distinguish between the good and the bad, between right and wrong, to the point of not able to discern between life and death. The only way we can help them is bringing them out of their darkness by a loving  invitation to come and experience the amazing love and mercy of God, showing them the light of Christ, his Word, his Commandments, to receive the sanctifying grace through the Sacraments and especially helping them to understand that they are deeply loved by God unconditionally. Once we  experience true love, that only comes from God, then reaching perfection is just one step away, all we have to do is to surrender ourselves to God and His Spirit, then we will be renewed and conformed to God’s will.

Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Reflexión del Padre Juan

“No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.” (Romanos 12:2).

Hoy en día, se nos hace más fácil acomodarnos a esta cultura aunque en el fondo estemos en desacuerdo con muchos aspectos de esta generación. Nos mantenemos callados ante la maldad porque nos acostumbramos, lo vemos normal, o solo para seguirle la corriente, o porque es mucho más fácil así, o inclusive porque aprendimos a ser completamente indiferentes ante las inmoralidades, la falta de valores, y la oleada de información falsa o alterada que se experimentan en los medios de comunicación. El Señor nos invita a que despertemos del letargo en que vivimos, Dios quiere que reflexionemos y actuemos de acuerdo a lo que es bueno, a lo que le agrada a Él, y a lo que es perfecto. Esto significa hacer escuchar nuestras voces y expresar claramente que no nos estamos conformando a las cosas de este mundo, para juzgar y comprender cuando algo es malo y permanecer firmes expresando nuestra inconformidad, hacer todo lo que sea necesario para cambiarlo, y finalmente estamos llamados a la acción, más específicamente hacer lo que es BUENO, BONITO Y VERDADERO. Estos son los tres aspectos de Dios y todo lo que viene de Dios es bueno o bonito o verdadero.

Para hacer lo que es correcto de acuerdo a la voluntad de Dios debemos salirnos de nuestra zona de comodidad, es una invitación a formar y purificar nuestras conciencias y aprender intelectual, emocional y espiritualmente que es bueno a los ojos de Dios.

Este tiempo está contaminado con ideologías y tendencias maliciosas y diabólicas que amenazan la dignidad del ser humano y también atacan directamente a nuestras familias y su unidad. Debemos hacer todo lo que sea necesario para salvaguardar la integridad de la familia y guiarlas con la verdad misma que es Cristo.

Hoy en día hay muchos que se han alejado tanto de la verdad que es difícil para ellos distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto y lo inmoral, hasta tal punto que no pueden ya distinguir entre la vida y la muerte. De la única manera que les podemos ayudar es sacándolos de su oscuridad con una amorosa invitación a experimentar el amor y la misericordia de Dios, mostrándoles la luz de Cristo, su Palabra, sus Mandamientos, que reciban la Gracia Santificante a través de los Sacramentos y especialmente a que experimenten la mayor de las verdades, esto es que son amados incondicionalmente por Dios. Una vez experimentamos el verdadero amor, que solo viene de Dios, entonces no estaremos muy lejos de la perfección, solo necesitáremos abandonarnos completamente a Dios y su Espíritu nos renovará y nos conformará a la Santa Voluntad de Dios.