Twentieth Sunday of Ordinary Time

“I have waited, waited for the LORD, and he stooped toward me. The LORD heard my cry.” Lord, what am I that I should capture your heart and even deserve just one beat of your tender heart? Who am I that you should even care for me or trouble yourself for me or even let a flashing thought be wasted on me? How can one even merit the blessing of your undivided attention or earn in any way the privilege of being in your holy presence or even be rewarded with the grace to inhale the blessed fragrance of your love or be consumed by the unquenchable longing and desire of your heart? Why have you set your lovely gaze upon me? Why allow you beautiful eyesight filled with such goodness and light and your penetrating vision filled with such beauty and glory look upon one who has been so disfigured by sin, defiled by emotion, broken by pride and is merely ash and dust, ground and dirt, soil and gravel? How can the One who is most beautiful and perfectly timeless spend even a fleeting moment in time to look down from the highest Heaven towards one like me who is lest than a breath, smaller than a grain of dirt, most insignificant in every way? Your love is amazing Lord. How you look so far beyond our sin and gaze into the eyes and the heart of the poor, sinful sinner. Your love is so beyond our comprehension. Your love is way beyond our imagination and so far surpassing anything we can hope for or dream of. Your love is so beyond words and description and explanation yet it is so full of expression and so easily expressed and shared and communicated. Your love creates from nothingness and fills everything. No one but you can create from before the beginning. Your love causes things to grow, flowers to blossom, seeds to multiply, trees to bear good and everlasting fruit. Sweet fruit that is most pleasing to the heart and a healing balm to the soul. Your love is so beyond compare, it restores what was ruined, heals what is wounded, makes the impossible possible, transcends all things. Your love gives life, protects life, respects life, died to give everlasting life. Your love cares for the poor, the little, the vulnerable, the lonely, the unloved, the stranger. Your love moves mountains, moves hearts, can move our enemies. Your love can resolve all conflict, eliminate all division, eradicate hatred, fill any void. How you love us Lord is so amazing Lord. Your love is individual, particular, intimate and just for us yet it is for everyone to enjoy. Thank you Lord for loving me so much.

Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario

“Esperé en el Señor con gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.” Señor, ¿qué soy yo para capturar tu corazón e incluso merecer un solo latido de tu tierno corazón? ¿Quién soy yo para que incluso me cuides o te preocupes por mí o incluso dejes que se desperdicie un pensamiento relámpago sobre mí? ¿Cómo puede uno merecer la bendición de tu atención completa o ganar de alguna manera el privilegio de estar en tu santa presencia o incluso ser recompensado con la gracia de inhalar la fragancia bendita de tu amor o ser consumido por el anhelo y el deseo insaciables de tu corazón? ¿Por qué has puesto tu encantadora mirada sobre mí? ¿Por qué permitir que tu bella vista llena de tanta bondad y luz y tu penetrante visión llena de tanta belleza y gloria mire sobre alguien que ha sido tan desfigurado por el pecado, contaminado por la emoción, roto por el orgullo y es meramente ceniza y polvo, tierra y mugre, suelo y gravilla? ¿Cómo puede El que es más hermoso y perfectamente atemporal pasar incluso un momento fugaz en el tiempo para mirar hacia abajo desde el Cielo más alto hacia alguien como yo que es menos que un respiro, más pequeño que un grano de mugre, más insignificante en cada manera? Tu amor es maravilloso Señor. Cómo miras tan lejos, más allá de nuestros pecados y miras a los ojos y el corazón del pobre, del pecador pecaminoso. Tu amor está más allá de nuestra comprensión. Tu amor está más allá de nuestra imaginación y hasta ahora sobrepasa cualquier cosa que podamos esperar o soñar. Tu amor está más allá de las palabras y de la descripción y de la explicación, sin embargo, está tan lleno de expresión y tan fácilmente expresado y compartido y comunicado. Tu amor crea de la nada y lo llena todo. Nadie más que tú puede crear desde antes del principio. Tu amor causa que las cosas crezcan, las flores florezcan, las semillas se multipliquen, los árboles tengan fruto bueno y eterno. Dulce fruto que es el más agradable para el corazón y bálsamo sanador para el alma. Tu amor no tiene comparación, restaura lo que estaba arruinado, sana lo que estaba herido, hace que lo imposible sea posible, trasciende todas las cosas.  Tu amor da vida, protege la vida, respeta la vida, muere para dar la vida eterna. Tu amor se preocupa por el pobre, el pequeño, el vulnerable, el solitario, el no amado, el extraño. Tu amor mueve montañas, mueve corazones, puede mover a nuestros enemigos. Tu amor puede resolver todo conflicto, eliminar la división, erradicar el odio, llenar cualquier vacío. Como nos amas, Señor, es tan maravilloso Señor. Tu amor es individual, particular, íntimo y solo para nosotros, sin embargo, es para que todos lo disfruten. Gracias Señor por amarme tanto. Padre Iván

Nineteenth Sunday in Ordinary Time

“See, the eyes of the Lord are upon those who fear him, upon those who hope for his kindness…” Have you ever stopped to consider and spend some quiet, quality, dedicated time to contemplate the fact that God sees us? He really sees us. God has set his gaze upon us. His eyes are fixed on us and look at us as he beholds his beautiful, yet at times unfaithful creation. God sees us. He really sees us. He is looking at you right now. What do you think he sees when he sets his gaze upon you, beholds you, looks right at you? Remember, we don’t think or see as God does because God knows our runaway thoughts and still he looks into our hearts and sees us. How we see God and think about him is important, because it is how we tend to view and see him. If we think God looks at us in a negative way, we tend to project our vision and reflection of God in a similar way. But God loves the sinner and loathes the sin. He sees the person and their struggle. He sees their good intentions. God looks at us and sees his beloved children. He sees good children that at times do bad things and other times do very bad things. In God’s eyes, that doesn’t make us less beloved or bad. We will always be God’s beloved children who choose to do or say bad things. He still sees good in us. He will always see the good in us. Our prayer and intention should be to gaze upon God and behold and look upon him as he beholds and looks upon us – in kindness, in patience, in love, in mercy, in beauty. We should want to look into the eyes of God so that we may see the face of beauty and see our reflection. We should want to look into the heart of God and see how much we are loved. We should want to look into the mind of God to come to know the truth of what he really thinks of us. He truly loves us. He thinks we are great for all he made is very good. God see us in a positive light despite the darkness of our sinfulness. So, if God can look into our hearts divided by sin, pride, greed and envy and still see good, why can’t we see it? Do you see what God sees or is it different? Why? Beauty is in the eye of the beholder. May God see the beauty and goodness of himself in your eyes and in your heart.

Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario

“Mira, los ojos del Señor están sobre aquellos que lo temen, sobre aquellos que esperan en su bondad…” ¿Alguna vez te has detenido para considerar y pasar un tiempo tranquilo, de calidad, dedicado a contemplar el hecho que Dios nos ve? Él realmente nos ve. Dios ha posado su mirada sobre nosotros. Sus ojos están fijos en nosotros y nos mira mientras contempla su creación bella, pero infiel por momentos. Dios nos ve. Él realmente nos ve. Él te está mirando ahora mismo. ¿Qué piensas que él ve cuando posa su mirada sobre ti, te contempla, te mira directamente? Recuerda, nosotros no pensamos o vemos como Dios lo hace porque Dios conoce nuestros pensamientos fugitivos y aun así él mira nuestros corazones y nos ve. Cómo vemos a Dios y cómo pensamos en él es importante, porque es cómo tendemos a mirarlo y verlo. Si pensamos que Dios nos mira en una manera negativa, tendemos a proyectar nuestra visión y reflexión de Dios en una manera similar. Pero Dios ama al pecador y aborrece el pecado. El ve a la persona en su contienda. Él ve sus buenas intenciones. Dios nos mira y ve a sus amados hijos. Él ve buenos hijos que a veces hacen cosas malas y otras veces hacen cosas muy malas. A los ojos de Dios, eso no nos hace menos amados o malos. Siempre seremos los amados hijos de Dios que escogen hacer o decir cosas malas. Él todavía ve bien dentro de nosotros. Él siempre verá lo bueno dentro de nosotros. Nuestra oración e intensión debe ser ver a Dios contemplarlo y mirarlo como él nos contempla y nos mira – con amabilidad, con paciencia, con amor, con misericordia, con belleza. Deberíamos querer mirar a los ojos de Dios para que podamos ver el rostro de la belleza y ver nuestro reflejo. Deberíamos querer mirar en el corazón de Dios y ver cuánto somos amados. Deberíamos querer mirar en la mente de Dios para conocer la verdad de lo que realmente piensa de nosotros. Él verdaderamente nos ama. Él piensa que somos estupendos porque todo lo que hizo es muy bueno. Dios nos ve en una luz positiva a pesar de la oscuridad de nuestra pecaminosidad. Entonces, si Dios puede mirar dentro de nuestros corazones divididos por el pecado, el orgullo, la codicia y la envidia y aun así ve el bien, ¿por qué no podemos verlo? ¿Ves lo que Dios ve o es diferente? ¿Por qué? La belleza está en el ojo del que mira.  Que Dios vea la belleza y la bondad de sí mismo en tus ojos y en tu corazón. Padre Iván

Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario

¿Qué provecho saca el hombre de todos sus trabajos y afanes bajo el sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa. ¿No es también eso vana ilusión?” ¿Por qué no podemos escuchar a Jesús? ¿No es eso lo que nuestro Padre Celestial simplemente nos está pidiendo que hagamos? ¿No dijo:  “Este es mi Amado Hijo, escúchenlo”? ¿No nos dijo nuestra dulce Amada Madre hagan lo que Jesús nos pida que hagamos? ¿No dijo el Señor, que él era el Buen Pastor y que sus ovejas oyen su voz y lo siguen? Y “si escuchan hoy su voz, no endurezcan el corazón?” ¿Por qué no escuchamos a Dios? ¿Por qué no escuchamos a Jesús? ¿Por qué no escuchamos al Espíritu Santo? ¿Por qué no escuchamos a nuestra Madre María? ¿Por qué no obedecemos a nuestros padres? Jesús nos llama a una libertad radical. Libres del pecado, libres del estrés, libres de la inquietud, libres de la angustia, libres para simplemente ser amados por Dios. Escuchar a Dios y obedecer su Palabra es libertad, es lo correcto,la única manera para vivir libremente en paz. ¿No quieres ser libre? ¿Es la libertad una posibilidad para ti? ¿Estás viviendo en la libertad de los hijos de Dios o estás viviendo como un esclavo de la duda, del desaliento, del miedo? ¿Estás preocupado por lo que él piensa o inquieto sobre qué dirá ella o con miedo sobre lo que ellos harán si tu dices algo incorrecto, cometes un error o ellos supieron que no sabías la respuesta? ¿Te inquietas por hoy, inquieto sobre ayer, con miedo sobre mañana todos los días de tu vida? San Pablo nos da ánimo al decir: “No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios”. En otras palabras, ¿por qué inquietarse? Reconoce tu preocupación en la oración, cuéntaselo a Dios y pide la fortaleza, la confianza, la gracia para estar libre de angustia. San Pedro también nos ofrece su sabiduría diciendo: “Descarguen en [Dios] todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes”. Nuevamente, no te inquietes por eso, simplemente dáselo a Dios y confía que él se encarga. Finalmente, Jesús nos da las palabras que hablan directamente al corazón y que nos hablan directamente cuando te dice, “¿Y por qué se inquietan por el vestido?” “¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?” Él dice, “No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.” Entonces no te preocupes, se libre – escucha a Jesús. Padre Iván

Eighteenth Sunday in Ordinary Time

“For what profit comes to man from all the toil and anxiety of heart with which he has labored under the sun? All his days sorrow and grief are his occupation; even at night his mind is not at rest. This also is vanity.” Why can’t we just listen to Jesus? Isn’t that what our Heavenly Father simply asked us to do? Didn’t he say, “This is my Beloved Son, listen to him”? Didn’t our sweet Beloved Mother say to us to do whatever Jesus asks us to do? Didn’t the Lord say, he was the Good Shepherd and his sheep hear his voice and follow him? And, “If today you hear his voice, harden not your hearts?” Why don’t we listen to God? Why don’t we listen to Jesus? Why don’t we listen to the Holy Spirit? Why don’t we listen to our Mother Mary? Why don’t we obey our parents? Jesus calls us to a radical freedom. Free from sin, free from stress, free from worry, free from anxiety, free to simply be loved by God.  Listening to God and obeying his Word is freedom, the right thing to do, the only way to live freely at peace. Don’t you want to be free? Is freedom a possibility for you? Are you living in the freedom of the children of God or are you living as a slave of doubt, discouragement, fear? Are you concerned about what he thinks or worried about what she will say or afraid about what they would do if you said the wrong thing, made a mistake or they knew you didn’t know the answer? Will you worry about today, be concerned about yesterday, be afraid of tomorrow all the days of your life? Saint Paul gives us encouragement by saying, “Have no anxiety at all, but in everything, by prayer and petition, with thanksgiving, make your requests known to God.” In other words, why worry? Acknowledge your concern and in prayer, related to God and ask for the strength, the trust, the grace to be anxiety free. Saint Peter also offers us his wisdom by saying, “Cast all your worries upon [God] because he cares for you.” Once again, don’t worry about it, simply give it to God and trust he’s got it. Finally, Jesus gives us the words that speak directly to the heart and speak directly to us when he says to you, “Why are you anxious about clothes? Can any of you by worrying add a single moment to your life-span?” He says, “Do not worry about tomorrow; tomorrow will take care of itself. Sufficient for a day is its own evil.” So don’t worry, be free – listen to Jesus.

Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario

Abraham se quedó ante el Señor y le preguntó: “¿Será posible que tú destruyas al inocente junto con el culpable?” La disposición y la postura de Abraham hacia Dios es siempre una de sumisión; un fiel hijo y un humilde servidor. Nuestro Padre en la Fe amorosamente sigue a nuestro Padre Celestial con abandono y confianza inquebrantable. Él está detrás del Dios que lo creó, lo llamó, que se hizo amigo de él y lo ama tan íntimamente y de una manera particular. Con la confianza y seguridad y con una profunda reverencia y amor por Dios, Abraham se acerca a Dios en oración, en conversación, en coloquio, no para sí mismo, sino para interceder por el otro, porque el amor siempre es para el otro. El amor no se retiene sino en amoroso sacrificio es dado por el otro. En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, un coloquio es una conversación amorosa, íntima y sentida entre Dios nuestro Padre y tú, entre Cristo nuestro hermano y tú, entre el Espíritu Santo nuestro Fiel Amigo y tú, entre María nuestra Madre y tú o entre cualquiera de los Santos y tú. Usualmente, llega al final de una hora santa, pero puede suceder en cualquier momento de oración, especialmente cuando el Espíritu Santo te inspira. Durante la oración, puedes encontrar que Dios te llevó a un recuerdo o palabra o frase particular que requiere cierta sabiduría, entendimiento, gracia o paz. El coloquio es una excelente manera de buscar el consejo, la intercesión y ayuda que necesitamos de Dios o de un Santo en particular para que nos ayude a avanzar en nuestra postura amorosa ante Dios y para darnos a su voluntad en una disposición espiritual genuinamente sumisa. “Padre Celestial, yo te amo. Gracias por enfocar tus tiernos ojos de misericordia en mi corazón y por penetrarme con tu mirada amorosa. Enséñame a ver como tú, no la apariencia sino el corazón de tus amados hijos. Dulce Jesús, Santo Redentor, amante de mi alma, te amo. Gracias por tu maravilloso don de la oración, por tu amorosa preocupación por mí, por amarme con tanta intensidad y con una intimidad particular reservada solamente para mí. Enséñame a amar como tú, incondicionalmente. Espíritu Santo, te amo. Gracias por el calor y el fuego de tu amor. Por favor cúbreme con el aliento de tu amor y sopla sobre mí nueva vida. Enséñame a permanecer abierto a ti. Madre María, te amo. Gracias por decir sí a Dios y a toda la humanidad. Gracias por decirme sí. Por favor enséñame a aceptar clementemente todos los clementes dones de Dios y a usarlos clementemente para dar gloria y alabanza a su Santo Nombre. Ángeles y Santos, los amo. Por favor rueguen por nosotros”.  Padre Iván.

Seventeenth Sunday in Ordinary Time

The Lord remained standing before Abraham. Then Abraham drew nearer and said: “Will you sweep away the innocent with the guilty?” Abraham’s disposition and posture towards God is always one of lowliness; a faithful son and a humble servant. Our Father in Faith lovingly follows our Heavenly Father with abandonment and unwavering trust. He stands behind the God who created him, called him, befriended him and loves him so intimately and in a particular way. In confidence and in trust and with a deep reverence and love for God, Abraham draws near to God in prayer, in conversation, in colloquy not for himself but to intercede for the other as love is always for the other. Love is not withheld but in loving sacrifice given for the other.  In the Spiritual Exercises of Saint Ignatius, a colloquy is a loving, intimate, heartfelt conversation between you and God our Father, between you and Christ our Brother, between you and the Holy Spirit our Faithful Friend, between you and Mary our Mother or you and anyone of the Saints. It usually comes at the conclusion of a holy hour but can happen anytime in prayer, especially when the Holy Spirit inspires it. During prayer, you may find God drew you to a particular memory or word or phrase that requires a certain wisdom, understanding, grace or peace. The colloquy is a great way to seek the advise, intercession and help we need from God or a particular Saint to help us to advance in our loving posture for God and to give us a genuinely submissive spiritual disposition to his will. “Heavenly Father, I love you. Thank you for focusing your tender eyes of mercy into my heart and for penetrating me with your loving gaze. Teach me to see as you do, not the appearance but the heart of your beloved children.  Sweet Jesus, Holy Redeemer, lover of my soul, I love you. Thank you for your amazing gift of prayer, for your loving concern of me, for loving me with such intensity and particular intimacy reserved only for me. Teach me to love like you, unconditionally. Holy Spirit, I love you. Thank you for the heat and fire of your love. Please cover me with the breath of your love and breathe new life into me. Teach me to remain open to you. Mother Mary, I love you. Thank you for saying yes to God and all humanity. Thank you for saying yes to me. Please teach me to graciously receive all of God’s gracious gifts and to use them graciously to give glory and praise to his Holy Name. Angels and Saints, I love you. Please pray for us.

Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario

“Completo lo que falta a la pasión de Cristo en mí, por el bien de su cuerpo, que es la Iglesia. Por disposición de Dios, yo he sido constituido ministro de esta Iglesia.” El silencio y la soledad son esenciales para discernir la voluntad y el llamado particular de Dios. Es en el sagrado silencio que podemos determinar lo que Dios realmente nos dice y comparte cuál es su voluntad para nosotros. La meditación tranquila sobre las Escrituras es un aspecto importante del proceso de discernimiento.  Necesitamos ponderar la Palabra de Dios en las profundidades de nuestros corazones hambrientos y almas adoloridas para poder escuchar el llamado particular e individual de Dios para cada uno de nosotros.  Reflexionar en las escrituras a diario nos proveerá con una mayor apreciación de cuán útiles pueden ser los escritos bíblicos en el proceso de discernimiento. Uno de los temas integrates encontrados en las escrituras es la libertad. Necesitamos libertad de las distracciones mundanas para determinar si somos libres para amar y servir a Dios y si somos libres para conocer y seguir a Cristo. Las Escrituras nos recuerdan que Dios nos llama a esta libertad. ¿Eres libre para amar a Dios con todo tu corazón? ¿Eres libre para hacer que Cristo sea el centro de tu vida? ¿Eres libre para servirle a través del Pueblo de Dios? Estas pueden ser preguntas difíciles para preguntarse a uno mismo para discernir el llamado individual y particular que Dios ha planeado para ti. Sin embargo, mientras uno se prepara para el ministerio de la Iglesia, son un parte importante del discernimiento del llamado de Dios. A través de la oración y de la guía espiritual, nosotros podemos abordar las cosas que nos impiden ser más libres para amar y servir a nuestro Señor. Podemos abordar estas cosas que entran en conflicto con llevar una buena vida y simplemente ser una buena persona. Ser un buen cristiano implica vivir una vida en línea con las enseñanzas de nuestro Señor. Es una vida centrada en Cristo que busca crecer en bondad y santidad mientras esperamos que vuelva. San Pablo nos dice “Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien.” (Ro 12,9). Sin embargo, sabemos que debido a nuestra condición humana podemos ser débiles y vulnerables y cometer errores graves y tomar decisiones equívocas. Somos seres imperfectos que luchamos por la perfección, pero nos damos cuenta que está fuera de nuestro alcance a menos que estemos conectados y unidos con Cristo. Dios llama a toda la humanidad a la santidad. Nuestro Señor desea que dejemos todo que es contrario a su camino, a sus planes, a su llamado para que podamos estar libres para simplemente amarlo y servirle. ¿Puedes escuchar a Dios invitándote a desprenderte libremente de las cosas que te impiden de entregarte totalmente al amor de Dios y a su Santa Voluntad? Padre Iván.

Sixteenth Sunday in Ordinary Time

“In my flesh I am filling up what is lacking in the afflictions of Christ on behalf of his body, which is the church, of which I am a minister.” Silence and solitude are essential in discerning God’s particular will and call. It is in sacred silence that we are able to determine that God truly speaks to us and he shares what he wills for us. Quiet meditation on Scripture is an important aspect of the discernment process. We need to ponder God’s Word in the depths of our hungry hearts and aching souls in order to hear God’s particular, individual call for each one of us. Reflecting on scripture daily will provide us with a greater appreciation of how helpful biblical writings can be in the discernment process.  One of the overarching themes found in scripture is freedom.  We need freedom from worldly distractions to determine if we are free to love and serve God and if we are free to know and follow Christ.  Scripture reminds us that God calls us to this freedom. Are you free to love God with all your heart?  Are you free to make Christ the center of your life?  Are you free to serve him through the People of God?  These can be tough questions to ask oneself in discerning the individual and particular call God has planned for you.  Nevertheless, as one prepares for ministry to the Church, they are an important part of discerning God’s call.  Through prayer and spiritual guidance, we can address those things that prevent us from being more free to love and serve our Lord.  We can address the things that conflict with leading a good life and simply being a good person.  Being a good Christian involves living out a life in line with the teachings of our Lord.  It is a life centered on Christ that seeks to grow in goodness and holiness as we await his return.  Saint Paul tells us to “hate what is evil, hold fast to what is good” (Rom 12:9).  However, we know due to our human condition we can be weak and vulnerable and make serious mistakes and wrong choices.  We are imperfect beings who strive towards perfection but realize that it is out of reach unless we are connected and united to Christ.  God calls all humanity to holiness.  Our Lord desires us to drop everything that is contrary to his ways, his plans, his call so we can be free to simply love and serve him. Can you hear God inviting you to detach yourself freely from the things that prevent you from totally surrendering yourself to God’s love and his Holy Will?