Rosary Reflections

The following is a 40 part series with Fr. Ivan reflecting on the mysteries of the Holy Rosary. The reflections will be divided into 4 subsections each compose of 10 brief meditations. Each set of meditations will focus on the four mysteries of the Rosary; the Joyful Mysteries, the Luminous Mysteries, the Sorrowful Mysteries and the Glorious Mysteries. We invite you to join us as we seek to grow in a deeper love of Christ our Lord through the Immaculate Heart of our Mother Mary. 

Rosary Reflection Introduction

Palm Sunday of the Passion of the Lord

Jesus said to them “My soul is sorrowful even to death. Remain here and keep watch with me.” He advanced a little and fell prostrate in prayer, saying, “My Father, if it is possible, let this cup pass from me; yet, not as I will, but as you will.”  How many times have we failed to recognize your agony, O Lord. To share it with you, to console you, to suffer and pray with you? And still, in your great love and mercy, in your kindness and compassion, in your amazing desire for our salvation; you poured yourself out to fulfill us, you endured incredible pain and sorrow to save us, you suffered and died to give us life – to make us once again beloved children of the Father – free from Satan’s power, free from his grasp.  Love is what you have shown us, O Lord. Mercy is what you have bestowed on us, O Lord. Peace is what you have given us, O Lord. Salvation is what you have gained for us, O Lord. No one could ever merit such an amazing and glorious gift. No one could ever redeem themselves. Only your tender love and divine mercy could ever heal our wounds. Only your tender love and divine mercy could have ever bridge the gap caused by our disobedience. Only your tender love and divine mercy could have healed us and restored us to God’s grace. It was your pain, O Lord that took away our pain. It was your     sorrow, O Lord that took away our sorrow. It was your suffering, O Lord that took away our suffering. It was your grief, O Lord that took away our grief. It was your death, O Lord that gave us life. There is no greater love than this, no greater expression of mercy than your Passion for humanity. For it was your death, O Lord that caused our misery to die and through your gracious will that we are able to rise anew. It is great love, O Lord; unfathomable mercy, most gracious Savior that you have shown us, that you have gained for us, that you have given us. Thank you for loving us so much. May your Passion remain in our hearts forever.

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

Jesús les dijo: “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”. ¿Cuántas veces hemos fallado en reconocer tu agonía, Oh Señor; compartirla contigo, consolarte y orar contigo? Y todavía, en tu gran amor y misericordia, en tu bondad y compasión, en tu asombroso deseo de nuestra salvación; tú te derramaste para satisfacernos, tú soportaste dolor y tristeza increíbles para salvarnos, tú sufriste y moriste para darnos vida – para hacernos otra vez hijos amados del Padre – libres del poder de Satanás, libres de su alcance.  Nos has mostrado amor, Oh Señor.  Misericordia es lo que nos has concedido, Oh Señor.  Paz es lo que nos has dado, Oh Señor. Salvación es lo que has ganado por nosotros, Oh Señor.  Nadie podría jamás merecer tal regalo asombroso y glorioso.  Nadie podría redimirse. Solamente tu tierno amor y divina misericordia podrían sanar nuestras heridas.  Solamente tu tierno amor y divina misericordia podrían haber superado la brecha causada por nuestra desobediencia.  Solamente tu tierno amor y divina misericordia podría habernos sanado y restaurarnos a la gracia de Dios.  Fue en tu dolor, Oh Señor que se llevó nuestro dolor.  Fue tu tristeza, Oh Señor que se llevó nuestra tristeza.  Fue tu sufrimiento, Oh Señor que se llevó nuestro sufrimiento.  Fue tu pena, Oh Señor que se llevó nuestra pena.  Fue tu muerte, Oh Señor que nos dio vida.  No hay amor más grande que este, no expresión de Misericordia que tu Pasión por la humanidad.  Puesto que fue tu muerte, Oh señor que ocasionó que nuestra miseria muriera y a través de tu clemente voluntad que podamos resucitar.  Es gran amor, Oh Señor, misericordia insondable, Clementísimo Salvador, que nos has mostrado, que has ganado para nosotros, que nos has dado.  Gracias por amarnos tanto.  Que tu Pasión permanezca por siempre en nuestros corazones. Padre Iván  

Quinto Domingo de Cuaresma

“Si escuchan hoy su voz, no endurezcan sus corazones”. Nuestros corazones son asombrosos. Nuestros corazones están hechos para el amor, para la vida y para Dios. El corazón es un regalo precioso de Dios y un regalo que es precioso para Dios. Es donde Dios escoge vivir, amar, compartir, comer, ser. Nuestros corazones son siempre tan misteriosos invocando imágenes impresionantes como el atardecer más espléndido en una noche sin nubes o tan glorioso como un jardín lleno de rosas con toques de fragancias que son siempre tan dulces y llenas de gracia. Un corazón puede ser comparado con profundidades más profundas del océano o con alturas más elevadas que la montaña más alta o distancias tan grandes y anchas como un cañón. El corazón puede describirse siendo a veces suave y acariciante como una suave brisa en un día soleado y tibio de primavera o tan fuerte como el acero o más duro que el metal o incluso más pesado que el concreto pero aún frágil como el papel, el vidrio o la arcilla. Y como el sol que emite preciosos rayos de  luminosidad y luz solar para calentar y energizar nuestro mundo, el corazón envía rayos de esperanza, luz y amor a cada parte de nuestro cuerpo e incluso trae remedios que salvan la vida a un alma que puede estar deprimida, olvidada o privada de aliento, de comida espiritual o de un recordatorio que es amada. Nuestros corazones deben ser cuidados y tratados con cuidado amoroso y tierno como un recién nacido que requiere nuestra completa atención, nuestros corazones necesitan ser sostenidos, alimentados, amados.  Desafortunadamente, nuestros corazones pueden ser descuidados como una flor privada de agua y luz, sin espacio u oportunidad para crecer o florecer se marchita, se desvanece y muere. Pero demos gracias a Dios que él ama nuestros corazones. Él quiere limpiar, refrescar, renovar, restaurar nuestros corazones. Dios quiere iluminar, fortalecer, levantar, mejorar nuestros corazones. Dios anhela alentar, llenar, abrazar, mudarse en nuestros corazones. Nuestros corazones están hechos para el amor, para la vida, para Dios. Entonces, ¿qué hay en tu corazón? ¿Quién o qué ha capturado tu corazón? ¿Puede esa persona o cosa sanar tu corazón cuando está herido de amor o enmendarlo cuando está roto? Si pudiera leer el grabado en la pared de tu corazón, ¿qué me diría? ¿Me diría: peligro, no entre, propiedad privada, entra bajo tu propio riesgo, en construcción, cerrado por renovaciones, o no abrir hasta Navidad? O tal vez tu corazón podría decir: abierto para negocios, todos están bienvenidos, una casa de oración, propiedad de Dios, uno con Cristo o el Cielo está justo tras estas puertas. Cuida tu corazón puesto que es un regalo precioso que le pertenece a Dios. Padre Iván

Fifth Sunday of Lent

“If today you hear his voice, harden not your hearts.”  Our hearts are amazing. Our hearts are made for love, for life, for God. The heart is a precious gift from God and a gift that is precious to God. It is where God chooses to live, to love, to share, to dine, to be. Our hearts are ever so mysterious invoking images as breathtaking as the most splendid sunset on a cloudless night or as glorious as a rose filled garden with hints of fragrances that are ever so sweet and graced filled. A heart can be compared to depths deeper than an ocean or to heights higher than the tallest mountain or to distances as grand and wide as a canyon. The heart can be described as being at times soft and caressing as a gentle breeze on a warm, sunny spring day or as tough as steel or harder than metal or even heavier than concrete but still fragile like paper, glass or clay. And like the sun that streams forth precious rays of light and sunshine to warm and energize our world, the heart sends forth rays of hope, light and love to every part of our body and even brings forth lifesaving remedies to a soul that can be downcast, forgotten or deprived of encouragement, spiritual food or a reminder that it is loved. Our hearts need to be looked after and treated with tender loving care like a new born child that requires our undivided attention, our hearts need to be held, fed, loved. Unfortunately, our hearts can be neglected as a flower deprived of water and light with no room or opportunity to grow or blossom it withers, fades and dies. But thanks be to God that he loves our hearts. He wants to cleanse, refresh, renew, restore our hearts. God wants to enlighten, strengthen, lift, improve our hearts. God longs to encourage, fill, embrace, move into our hearts.  Our hearts are made for love, for life, for God. So what is in your heart? Who or what has captured your heart? Can that person or thing heal your heart when it is love sick or mend it when it is broken?  If I could read the handwriting on the wall of your heart, what would it say to me? Would it say: danger, keep out, private property, enter at your own risk, under construction, closed for renovations, or do not open until Christmas? Or perhaps your heart might say: open for business, all are welcomed, a house of prayer, God’s property, one with Christ or Heaven just beyond these doors. Take care of your heart for it is a precious gift that belongs to God.