St. Gregory the Great

Although the popes preceding him were quite intellectual and accomplished in their activity (particularly St. Clement I and St. Leo the Great), the man we are about to discuss certainly stands out as one who left his mark on Western Civilization. Born as a Roman citizen in 540 AD, his parents named him Gregory a Greek name meaning “watchful”. This would prove prophetic. For Gregory would become a watchdog of the Church and a great defender of the truth in Europe. He was raised in an influential family belonging to the Patrician class of Rome. His father was well-respected in both secular and religious circles being appointed the Prefect of Rome. Gregory admired his father deeply and learned from him a staunch respect for the Church and her mission. The young boy received an outstanding education becoming especially adept in the realm of politics, law, science, music and literature. As such, Gregory had a limitless option of professions. Between his family’s affluence and his own academic gifts, no occupation was out of the young Roman’s reach. By the age of thirty-three, he had become a Prefect of Rome, following his father’s footsteps. Gregory had the world at his finger-tips, yet something was missing. For some time had heard the Lord calling him to the religious life. Thus, after his father’s death, Gregory abandoned his political career turning his family’s mansion into a monastery for monks where he himself lived for several years. He dedicated himself to prayer and study. But this did not last for long. Gregory’s talents for law were soon needed in the outside world. He was summoned by Pope Pelagius II to become the ambassador to Constantinople where he worked to ease political tensions between the Western and Eastern Empires. It was during this endeavor that Gregory began to create a name for himself. The whole Empire was now aware of his gifts. They were impressed that someone so skilled could also be humble and pious. As a result, Gregory was elected Pope in 590 AD at the age of fifty. He immediately began working on reorganizing the Church. At this time in history, the region of Gaul (France) was in upheaval and the British Isles had yet to be properly evangelized. Pope Gregory reigned in the French Church through legal restructurings while simultaneously creating a missionary campaign for the Anglo-Saxon tribes of Britain. It is thanks to these endeavors that the country of Britain is Christian today. Gregory also had a special love for the liturgy and music. The most significant outcome his reform in these areas was the development of “Gregorian” chants which remain the preferred music of the Roman Catholic Church.    

San Gregorio Magno

Aunque los papas que le precedieron eran bastante intelectuales y realizados en sus actividades (particularmente San Clemente I y San León Magno), el hombre del que vamos a hablar hoy ciertamente destaca como alguien que dejó su huella en la civilización occidental. Nacido como ciudadano romano en el año 540 d.C., sus padres lo nombraron Gregorio, un nombre griego que significa “vigilante”. Esto sería profético. Porque Gregorio se convertiría en un guardián de la Iglesia y gran defensor de la verdad en Europa. Se creó en una familia influyente perteneciente a la clase patricia de Roma. Su padre era muy respetado en los círculos seculares y religiosos al ser nombrado Prefecto de Roma. Gregorio admiraba profundamente a su padre y aprendió de él un respeto incondicional por la Iglesia y su misión. El joven recibió una educación excelente, convirtiéndose en un adepto en el campo de la política, el derecho, la ciencia, la música y la literatura. Como tal, Gregorio tenía una opción ilimitada de profesiones. Entre la riqueza de su familia y sus propios dones académicos, ninguna ocupación estaba fuera del alcance del joven romano. A la edad de treinta y tres años, se había convertido en Prefecto de Roma, siguiendo los pasos de su padre. Gregorio tenía el mundo en sus manos, pero aún algo le faltaba. Ya por algún tiempo había escuchado al Señor llamándolo a la vida religiosa. Así, tras la muerte de su padre, Gregorio abandonó su carrera política y convirtió la mansión de su familia en un monasterio de monjes donde él mismo vivió durante varios años. Se dedicó a la oración y al estudio. Pero esto no duró mucho tiempo. Los talentos de Gregorio para la ley luego se necesitaron en el mundo exterior. Fue convocado por el Papa Pelagio II para ser embajador en Constantinopla, donde trabajó para aliviar las tensiones políticas entre los Imperios del Occidente y el del Oriente. Fue durante esta misión que Gregorio comenzó a crear su fama. Todo el Imperio estaba enterado de sus dones. Estaban impresionados de que alguien tan hábil también pudiera ser humilde y piadoso. Consecuentemente, Gregorio fue elegido Papa en el año 590 d.C. a la edad de cincuenta años. Inmediatamente empezó a trabajar en la reorganización de la Iglesia. En este momento de la historia, la región de Galia (Francia) estaba en trastorno y las Islas Británicas aún no habían sido debidamente evangelizadas. El Papa Gregorio reinó en la Iglesia francesa a través de reestructuraciones legales mientras que simultáneamente creaba una campaña misionera para las tribus anglosajonas de Gran Bretaña. Es gracias a estos esfuerzos que el país de Gran Bretaña es cristiano hoy. Gregorio también tenía una afección especial por la liturgia y la música. El resultado más significativo de su reforma en estas áreas fue el desarrollo de los cantos “gregorianos”, que siguen siendo la música de preferencia de la Iglesia Católica Romana.   

San Jerónimo – Erudito Bíblico

“Ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo.” Estas palabras pronunciadas por nuestro próximo intelectual de la historia de la Iglesia capturan la esencia de su vida y misión. Nacido en el año 347 d.C. en lo que es actualmente Albania, Jerónimo creció en una familia católica. Sus padres le proporcionaron una buena educación en su juventud y hasta lo enviaron a Roma para que siguiera estudiando. Jerónimo recibió el sacramento del Bautismo en el año 366 d.C. a la edad de 19 años y comenzó a vivir una vida de intenso estudio, ayuno y oración. Se fue a vivir con un grupo de cristianos al norte de Italia antes de trasladarse al este, donde se convirtió en un eremita residiendo en las cuevas del desierto de Siria. Fue durante este tiempo que Jerónimo, que tenía un don natural para los idiomas, aprendió griego y hebreo para entonces transcribir textos antiguos. El joven romano también dedicó gran parte de sus energías a la oración y al arrepentimiento. En sus primeros años, luchó contra varios vicios, uno de los cuales era el pecado de la ira. Jerónimo tenía un genio vivo, un tono sarcástico y a menudo maldecía o usaba palabras groseras cuando se enojaba. También tenía poca paciencia para la estupidez o la superficialidad. Esto le hizo tener varios enemigos a lo largo de su vida, particularmente en Roma, donde era repugnado por el clero y los oficiales paganos. Para combatir este pecado de la ira, Jerónimo llevaba una piedra consigo dondequiera que fuera. Cada vez que maldijera o cometiera un pecado contra la caridad, usaba la piedra para golpear su pecho como penitencia por sus acciones. Ya por el fin de su vida, su pecho había desarrollado callos y cicatrices por la frecuencia de los golpes. Jerónimo, y de hecho todos los santos, eran humanos. Tenía problemas personales que tuvo que superar a lo largo de su vida. Sin embargo, lo que lo hizo santo no fue que estuviera sin pecado, sino que era un pecador que hacía lo mejor que podía. Reconoció sus defectos y buscó constantemente mejorarlos volviéndose hacia Dios en constante oración, ayuno y estudio. En el año 385 d.C., Jerónimo, de 38 años, peregrinó a Tierra Santa y Egipto. Al año siguiente visitó la ciudad de Belén, donde tuvo un encuentro profundo con el Señor. El joven sacerdote decidió hacer Belén su hogar. Allí vivió hasta su muerte en el año 420 DC, dedicándose a lo que se convertiría en una de las tareas más importantes de la historia occidental: la traducción de la Biblia al latín. Hasta este punto, las escrituras estaban en griego y hebreo, haciéndolas inaccesibles para muchos cristianos. Jerónimo trató de remediar esta cuestión proporcionando la primera traducción de la Biblia 1000 años antes de que naciera Martín Lutero. Es gracias a los esfuerzos de San Jerónimo que el continente europeo y eventualmente toda la civilización occidental fue capaz de leer, enseñar y producir la Biblia para las masas.      

St. Jerome- Biblical Scholar

“Ignorance of Scripture is ignorance of Christ.” These words spoken by our next intellectual of Church history capture the heart of his life and mission. Born 347 AD in modern-day Albania, Jerome grew up in a Catholic family. His parents provided him with a fine education in his youth and even sent him to Rome for further study in his young adult years. Jerome received the sacrament of Baptism in 366 AD at the age of 19 and began to live a life of intense study, fasting and prayer. He went to live with a group of Christians in Northern Italy before moving East where he became a hermit residing in the desert caves of Syria. It was during this time that Jerome, who had a natural gift for languages, learned Greek and Hebrew so at to transcribe ancient texts. The young Roman also focused much of his energies to prayer and repentance. In his earlier years, he struggled with several vices, not least of which was the sin of wrath. Jerome had a quick temper, sarcastic tone and would often curse or use foul words when angered. He also had little patience for stupidity or shallowness. This caused him to make a number of enemies throughout his life, particularly in Rome where he was disliked by both the clergy and pagan officials. To combat this sin of wrath, Jerome would carry a stone with him wherever he went. Anytime he cursed or committed a sin against charity, he would use the stone to beat his chest as penance for his actions. By the end of his life, his chest developed callouses and scars from the frequency of the thrashings. Jerome, and indeed every saint, was human. He had personal problems he had to overcome throughout his life. Yet, what made him a saint was not that he was sinless, but that he was a sinner trying his best. He recognized his shortcomings and sought constantly to improve them turning towards God in constant prayer, fasting and study. In 385 AD, the 38 year-old Jerome went on pilgrimage to the Holy Land and Egypt. The following year he visited the city of Bethlehem where he had a profound encounter with the Lord. The young priest decided to make Bethlehem his home. He lived there until his death in 420 AD dedicating himself to what would become one of the most important task in Western history; the translation of the Bible into Latin. Until this point, the scriptures were in Greek and Hebrew making them inaccessible to many Christians. Jerome sought to remedy this issue by providing the world’s first translation of the Bible 1000 years before Martin Luther was even born. It is thanks to St. Jerome’s efforts that the European continent and eventually all of Western Civilization was able to read, teach and produce the Bible for the masses.       

San Agustin – Parte 2

San Agustín se convirtió al cristianismo el 24 de abril de 387 d.C. después de 33 años de búsqueda y argumentación. El venerable Ambrosio había convencido finalmente a este joven intelectual de la verdad del catolicismo y ahora Agustín intentaba comprender su nueva religión. Regresó a África con varios amigos con la esperanza de vivir una vida monástica de estudio y oración. La madre de Agustín murió poco después de su llegada, pero no sin antes ver a su hijo convertirse en un cristiano, una gracia por la que ella oró por más de tres décadas. Fue ordenado sacerdote en el año 391 d.C., dedicando su tiempo a la oración, al estudio y a la predicación. La fama del joven sacerdote de predica con celo, de diálogo inteligente y de escritos conmovedores empezó a extenderse por toda la región y pronto fue llamado a ser obispo de su diócesis natal de Hipona. Agustín fue ordenado obispo en el año 395 d.C. a la edad de 41 años, sólo cuatro años después de su ordenación sacerdotal. Como obispo, la influencia de este santo se pudo sentir en toda la Iglesia universal. Inmediatamente empleó sus dones de intelecto al servicio del Evangelio entrando en acalorados debates con varios herejes y trabajando incansablemente para promover las enseñanzas del catolicismo. Es difícil explicar las ramificaciones del pensamiento agustiniano en la historia de la civilización occidental. Es uno de los pensadores más importantes de la historia. Sus escritos proporcionan la base de discusión para varias áreas de estudio en el Occidente, incluyendo la política, el libre árbitro, el pecado original, la teoría de la guerra justa, la epistemología, la predestinación, la esclavitud, la sexualidad y las ciencias naturales. Una de sus mayores contribuciones a la Iglesia, sin embargo, es su libro titulado Las Confesiones. Esta es la primera autobiografía del mundo, que transmite un relato bellamente conmovedor de la vida de un ser humano. Hasta hoy, las Confesiones de Agustín son reconocidas como una piedra angular de la literatura y la antropología. En este cautivante relato de la vida del santo, no limita esfuerzos para decirle al lector dónde ha fallado y triunfado, ha pecado y alcanzado la santidad. Al final, es un libro que DEBE SER LEÍDO por todo cristiano, que cuenta la historia de cómo uno de los más grandes enemigos de la Iglesia se convirtió en uno de sus santos más grandiosos. San Agustín representa a uno de esos hombres en la historia que mantuvo el delicado equilibrio entre la fe y la razón. Con tanta frecuencia en la sociedad moderna, estas dos realidades son vistas como opositoras; una es racional y no religiosa o irracional y religiosa. Esto es una mentira. Estas no son las únicas dos opciones. Existe algo así como una persona religiosa racional. De hecho, sólo una persona así puede ser llamada verdaderamente racional y religiosa. Lo que la vida de Agustín nos enseña es que la fe y la razón son ambas necesarias para el desarrollo de una persona verdaderamente religiosa. En palabras de San Juan Pablo II, la fe y la razón son como “dos alas” sobre las que el espíritu humano se eleva hacia la inteligencia. Sólo alguien que posee estas dos alas puede ser llamado católico.           

St. Augustine- Part II

St. Augustine converted to Christianity April 24th, 387 AD after 33 years of soul searching and argumentation. The venerable Ambrose had finally convinced this young intellectual about the truth of Catholicism and now Augustine sought to understand his newfound religion. He returned to Africa with several friends hoping to live a monastic life of study and prayer. Augustine’s mother died shortly after their arrival, but not before seeing her son become a Christian, a grace for which she prayed more than three decades. He was later ordained a priest in 391 AD dedicating his time to prayer, study and preaching. The young priest’s reputation for zealous preaching, intelligent dialogue and moving writings began to spread far and wide throughout the region and soon he was called upon to become the bishop of his home diocese in Hippo. Augustine was ordained a bishop in 395 AD at the age of 41, only four years after his ordination to the priesthood. As a bishop, the saint’s influence could be felt throughout the universal Church. He immediately employed his gifts of intellect to the service of the Gospel entering into heated debates with various heretics and working tirelessly to promote the teachings of Catholicism. It is difficult to explain the ramifications of Augustinian thought on the history of Western civilization. He is by far one of the most important thinkers in history. His writings provide the basis of discussion for various fields of study in the West including politics, free-will, original sin, just-war theory, epistemology, predestination, slavery, sexuality and natural sciences. One of his greatest contributions to the Church, however, is his book entitled The Confessions. This is the world’s first autobiography conveying beautifully moving account of a human beings life. Till this day, Augustine’s Confessions is recognized as a cornerstone of literature and anthropology. In this gripping account of the saint’s life, he pulls no punches in telling the reader where he has failed and triumphed, sinned and achieved holiness. In the end, it is a MUST READ book for every Christian telling the story of how one of the Church’s greatest enemies became one of her greatest saints. St. Augustine represents one of those men in history who held the delicate balance between faith and reason. So often in modern society, these two realities are seen as opponents; one is either rational and unreligious or irrational and religious. This is a lie. These are not the only two options. There is such a thing as a rational religious person. As a matter of fact, only such a person can truly be called rational and religious. What Augustine’s life teaches us is that faith and reason are both necessary for the development of a truly religious person. In the words of St. John Paul II, faith and reason are like “two wings” upon which the human spirit soars into intelligence. Only someone who possesses these two wings can properly be called a Catholic.